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Tradición humana vs. Palabra de Dios

Tradición humana vs. Palabra de Dios

Muchas, y quizás la gran mayoría, de las prácticas y enseñanzas que se ven actualmente en la iglesia evangélica no tienen una base bíblica clara, sino que son herencias de tradiciones humanas, en especial del catolicismo romano. Recordemos que el catolicismo romano se consolidó como sistema religioso a partir del siglo III, y que desde esa época hasta el siglo XVI la iglesia católica romana en general puso más énfasis en las tradiciones que en la Biblia como centro de la fe.

Aunque hay indicios de que desde el siglo XII hubo personas que protestaron contra estas tradiciones, no fue sino hasta el siglo XVI, con Martín Lutero, que se logró un despertar más amplio para escapar de muchas de las prácticas y doctrinas del catolicismo. Sin embargo, ese despertar no fue completo ni integral: solo se atacaron algunas doctrinas fundamentales, como la salvación por gracia (y no por indulgencias), la autoridad infalible del papa (y de los líderes) y la jerarquía ministerial, entre otros.

Pero si analizamos bien, muchas de esas cosas que Lutero cuestionó, de una u otra manera aún se siguen practicando. Por ejemplo:

  • El tema de las indulgencias hoy lo vemos en la enseñanza de los diezmos como “compra” de favor divino, y en el esfuerzo humano por alcanzar el favor de Dios mediante obras.
  • La infalibilidad del papa hoy la vemos en la honra casi idolátrica que se le da a ciertos líderes (pastores, profetas, apóstoles, etc.), a quienes se les atribuye una autoridad que solo le corresponde a Cristo y a su Palabra.
  • El confesionario hoy lo vemos en las supuestas “consejerías bíblicas” que se convierten en un espacio para “confesarte” (contar tus cosas o pecados) al pastor, como si él tuviera la autoridad para absolver o mediar entre tú y Dios.
  • Y así podríamos seguir hablando de cosas como los “pactos” con Dios, el ministerio de danza, los grupos de alabanza como espectáculo, las campañas de “milagros”, y muchas enseñanzas que poco o nada tienen que ver con el evangelio bíblico e histórico.

¿Cuál es la cura para este terrible mal que ha sufrido el pueblo de Dios en todas sus épocas?

La única solución es la misma que ha impulsado todas las reformas de todos los tiempos (aun en el Antiguo Testamento): volverse a Dios en arrepentimiento, por medio de la comprensión de su voluntad plasmada en su Palabra. No hay otra manera: volver a Dios y a su Palabra.

Esto implica estudiar su Palabra de manera humilde, deseosa, constante, disciplinada y sincera, así como lo hicieron los hombres de Dios en los tiempos de Enoc, Noé, Abram, Moisés, Josué, Elías, Jeremías, Samuel, Josafat, Uzías, Ezequías, Josías, en los tiempos de Esdras y Nehemías, Juan el Bautista, el apóstol Pablo, los hombres del primer siglo hasta el tercer siglo, y también aquellos precursores de la reforma que desde el siglo III hasta el siglo XII vivían “en las sombras”, pero que aun así protestaban y se reformaron por medio de la Palabra. Y, por supuesto, los reformadores del siglo XVI hasta nuestros días.

Desde que el mundo fue fundado, la Palabra (verbo) de Dios siempre ha sido la única forma en que el hombre se reforma a la imagen de Dios; el resto solo son tradiciones de hombres.

La pregunta es para ti: ¿Vives bajo las enseñanzas de la Biblia, o solo sigues una tradición de hombres?

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