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Juicio y misericordia: cuando Dios habla a través de sus juicios

Juicio y misericordia: cuando Dios habla a través de sus juicios

¡Dios es bueno en gran manera!

La manera en que Dios obra no siempre es fácil de comprender. Muchos no logramos procesar sus caminos, pero en la Biblia Él mismo nos ha dado luz:
«Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos —dice Jehová» (Isaías 55:8).
Y también: «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» (Romanos 11:33).

Por nuestra maldad, todos los seres humanos de la tierra merecemos su castigo. La Escritura lo afirma con claridad: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23), y «la paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23).
Sin embargo, en su soberanía, Dios usa medios diferentes, en personas y lugares diferentes. Él decide, según su sabiduría perfecta, cómo y dónde ejercer sus juicios.

Una de las cosas que observo en este terremoto que Él permitió, es que solo afectó a una parte del país. Esto, en sí mismo, es muestra de misericordia.
Esto no quiere decir que esta región sea más perversa que las otras, ni que las personas que han muerto o están sufriendo por esta tragedia sean más merecedoras de castigo que los que no estamos padeciendo este terremoto. Jesús ya enseñó algo similar cuando dijo: «¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, fueron más pecadores que todos los galileos? Os digo: No» (Lucas 13:2–3).

Aun en medio de esta tragedia, Dios nos ha dado su favor: ha permitido que muchas personas sobrevivan y sean rescatadas. Ha movido el corazón de muchos, tanto a nivel nacional como internacional, para ayudar a esta región y a sus damnificados.
Esto también refleja la bondad de Dios, que «hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos» (Mateo 5:45), y que «no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Pedro 3:9).

En este tipo de juicios, Dios permite la muerte tanto del impío e incrédulo, así como del que cree y le ama, de la misma manera el da su gracia, favor y misericordia, tanto para el que cree en Él como para que aun en medio de esta desgracia no reconoce su soberanía y reniega de su nombre.

¡Dios y sus planes son inexplicables!

En medio de este juicio también hay gracia, favor y misericordia. Este es nuestro Dios: santo y justo, pero también lleno de compasión.

“Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan.” (Job 5:18)


Él usa estos métodos, muy lamentables para nosotros, para que miremos al cielo y le busquemos con arrepentimiento y fe. Para que abandonemos nuestra manera egoísta de vivir y para que abandonemos nuestra idólatra, y vivamos según sus mandamientos y no según nuestras propias normas.
Como dice la Escritura: «Apartaos, apartaos, salid de en medio de ella, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella y purificaos, los que lleváis los utensilios de Jehová» (Isaías 52:11), y «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo» (1 Pedro 5:6).

Dios nos llama a practicar la justicia y la santidad, y a vivir para Él y no para nosotros mismos: «Más te valdría, oh hombre, que hicieras justicia y amarás la misericordia, y anduvieras solícito en conocer a tu Dios» (Oseas 6:6, parafraseado), y «Ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Corintios 5:15).

Y sobre todo, todo esto sucede para cumplir sus planes y propósitos, que sólo Él conoce y por los cuales ha permitido esta tragedia para sus hijos y  para los que no creen en Él.
«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros al fin la esperanza que esperáis» (Jeremías 29:11), aunque a veces esos planes pasen por pruebas y juicios que no entendemos del todo.

Sea cual sea su plan y su propósito en este terremoto, sea Dios bendito y su nombre glorificado.
«Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos… con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (Habacuc 3:17–18). 🙏

Por: Luis M. Sarabia

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