Cargando
×

Orgullo espiritual disfrazado de “prudencia pastoral”

Orgullo espiritual disfrazado de “prudencia pastoral”

Hay una contradicción que se ha vuelto común en ciertos círculos reformados:
Hombres que comenzaron en el ministerio con ignorancia, errores doctrinales y cero preparaciones…pero hoy exigen a otros niveles de perfección que ellos jamás tuvieron (ni tienen).

Muchos de ellos lo reconocen abiertamente:

“Entré al ministerio sin preparación”,
“me autonombré porque nadie más quería hacerlo”,
“prediqué errores garrafales”.
Pero en lugar de mostrar la misma gracia que Dios tuvo con ellos, se han convertido en guardianes rígidos del púlpito, imponiendo cargas que ellos nunca llevaron.

Cristo ya habló de personas así:
“Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.” (Mateo 23:4)

Y lo más preocupante es que dentro de la iglesia hay hombres que desean servir, que están capacitados con dones dados por Dios, que no son neófitos, son cristianos formados, probados, maduros:

  • Hombres con un caminar sólido en la fe .
  • Hombres con buen testimonio en su hogar, su matrimonio y su vecindario.
  • Hombres capaces de enseñar sana doctrina.
  • Hombres con deseo genuino de servir a la iglesia.

Pero, aun así, estos líderes “reformados” retrasan, frenan y postergan su reconocimiento ministerial.

La pregunta es inevitable:

¿POR QUÉ?

¿Por qué frenan, postergan y se demoran tanto en nombrar consiervos?

Ellos mismos saben que cumplir los requisitos bíblicos de Tito 1 y 1 Timoteo 3 no toma veinte años, la Biblia no establece un sistema de tortura, ni una carrera interminable de obstáculos, solo pide carácter probado, dominio propio, fidelidad doctrinal, buen testimonio, sobriedad, hospitalidad y capacidad para enseñar.

Si un hombre ya vive eso…
¿por qué lo retienen?
¿Por qué alargan un proceso que la Biblia nunca diseñó como eterno?
¿Por qué piden lo que ellos no tenían cuando comenzaron?

La respuesta (bíblicamente hablando)  no suele ser teológica o doctrinal, ni mucho menos es celo por el púlpito, sino que es espiritual y muchas veces, carnal.

No es prudencia, es miedo.

No es cuidar a la iglesia, es cuidar su “trono”.

Estos hombres temen perder control.
Les da miedo que alguien igual o más capacitado suba al púlpito.
Temen dejar de ser la voz absoluta.
Temen compartir autoridad.
Temen compartir influencia.

En pocas palabras: No quieren compartir su pequeño reino.

Pero Jesús dejó claro que esa actitud no viene del Espíritu:

“El que quiera ser el primero, sea el servidor de todos.” (Marcos 10:44)

Pablo también denunció este espíritu posesivo y sectario cuando dijo:

“Cada uno mira por lo suyo propio, y no por lo que es de Cristo Jesús.” (Filipenses 2:21)

Muchos pastores no reconocen consiervos porque:

  • No quieren que alguien más reciba honra.
  • No quieren competencia.
  • No quieren corregir su propio liderazgo.
  • No quieren ser cuestionados.
  • No quieren perder el monopolio de la interpretación bíblica.
  • No quieren que alguien cuestione su autoridad.
  • No quieren dejar de ser el centro de l aiglesia

Todo eso es orgullo espiritual disfrazado de “prudencia pastoral”.

Y el orgullo siempre produce lo mismo: control, inseguridad, celos y manipulación.

El modelo bíblico jamás fue un “solo hombre”

En el Nuevo Testamento, la iglesia siempre tuvo pluralidad de ancianos.

Hechos 14:23 — “constituyeron ancianos en cada iglesia”.
Filipenses 1:1 — “obispos y diáconos”, no uno solo.
Hechos 20:17 — “mandó llamar a los ancianos de la iglesia”.
1 Pedro 5:1 — Pedro habla a los “ancianos” (plural).
Tito 1:5 — se manda establecer ancianos en cada ciudad.

El sistema del “pastor dueño” no es reformado, no es bíblico y no es cristiano. Es una monarquía disfrazada de ministerio, cuando el liderazgo se concentra en un solo hombre, la iglesia se deforma, se crea una cultura donde el pastor es la voz, la interpretación, la autoridad y el filtro final.

Eso es peligroso.
Eso es antibíblico.
Eso es anticristiano.

La iglesia no es un reino privado

EL MINISTERIO NO ES UN FEUDO Y EL PÚLPITO NO ES PROPIEDAD PERSONAL

Cuando un líder impide el levantamiento de otros hombres aptos, está revelando su corazón:

  • No ama el cuerpo.
  • Se ama a sí mismo.
  • No protege la iglesia.
  • Protege su imagen.
  • No defiende la doctrina.
  • Defiende su posición.

Y la Biblia habla duro contra los que actúan así:

“Diotrefes… ama tener el primer lugar entre ellos” (3 Juan 9).
Ese hombre no recibía a nadie más, rechazaba a los hermanos, quería siempre mandar en la iglesia y fue denunciado públicamente por el apóstol Juan.

Muchos pastores reformados, conscientemente o sin querer, están caminando por el mismo camino de Diotrefes, no porque lo crean doctrinalmente, sino porque el orgullo, cuando no se vigila, se vuelve doctrina práctica.

Hermanos: la obra es de cristo, no de nuestro ego

Un pastor fiel no teme delegar.
No teme compartir púlpito.
No teme levantar hombres.
No teme rodearse de iguales.

Porque un pastor fiel sabe que la obra no es suya, sino de Cristo.

Y si Cristo levanta obreros… ¿Quién eres tú para impedirlo?

La iglesia necesita volver al modelo bíblico.
Volver a la humildad.
Volver a la pluralidad.
Volver a reconocer dones.
Volver a usar el criterio de Dios, no el orgullo del hombre.

Porque una iglesia donde solo uno habla, es una iglesia donde nadie crece.

Publicar comentario