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¿Entiendes el mensaje? Dios es Santo

¿Entiendes el mensaje? Dios es Santo

Dios no hace nada al azar. Cada juicio, cada castigo, cada señal, cada muerte tiene un propósito: transmitir un mensaje claro. No solo al pueblo de Israel, sino a nosotros también, porque Dios no cambia, Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebreos 13:8).

Los que murieron en el desierto no eran peores que los que entraron a la tierra prometida. De hecho, los que entraron también pecaron. ¿Cuál es la diferencia entonces? ¿Por qué unos murieron y otros vivieron?

Dios quería dejar un mensaje eterno.

“Seréis santos, porque yo soy santo.” (Levítico 11:44)

Ese mensaje sigue vigente hoy, Dios es Santo, no tolera el pecado, su paciencia tiene un límite, y cuando ese límite se cruza, el juicio cae… y cae con todo su peso.

Moisés lo entendía

En varias ocasiones, Moisés intercedió por el pueblo rebelde, no porque el pueblo lo mereciera, sino por el honor del Nombre de Dios. Mira cómo ora Moisés:

“Y ahora, te ruego que sea magnificado el poder del Señor… Perdona ahora la iniquidad de este pueblo… como has perdonado desde Egipto hasta aquí.” (Números 14:17–19)

Y Dios perdonaba, no por el pueblo, sino por Él mismo, por el honor de su Nombre.

“Pero lo hice por causa de mi nombre, para que no se profanara ante las naciones…” (Ezequiel 20:9)

¿Te das cuenta? No fue por ellos, fue por su gloria, y aun así, esa generación murió.

Pero si miramos y analizamos un poco, esa generación murió al final, es más, muchos de ellos fueron objeto se irá, muchos de ellos murieron recién saliendo de egipto, a manos de los levitas, otros murieron por mordeduras de serpientes, otros por plagas, otros se los tragó la tierra y al final toda esa generación murió. ¿Por qué? Porque no creyeron, porque desobedecieron, porque deshonraron al Dios Santo.

“Y todos ellos murieron en el desierto.” (Hebreos 3:17)

¿Entiendes el mensaje?

Sacerdotes muertos por Dios

¿Quién mató a Nadab y Abiú, los hijos de Aarón? Dios mismo. ¿Por qué?

“Y salió fuego de delante de Jehová y los consumió, y murieron delante de Jehová.” (Levítico 10:2)

¿El motivo? Ofrecieron fuego extraño. Un acto de “adoración” no autorizado. ¿Muy estricto? No. Dios es Santo. Punto.

¿Y en el Nuevo Testamento?

Ah, claro. Ahora estamos en la “época de la gracia”, ¿no? Como si Dios hubiera cambiado de carácter, como si ahora tolerará el pecado.

¿Y qué hacemos con Ananías y Safira?

“Y cayendo Ananías al oír estas palabras, expiró… Después vino su mujer, sin saber lo que había pasado… Y al instante cayó a los pies de él, y expiró.” (Hechos 5:5-10)

Una pareja de cristianos, muertos en plena reunión de iglesia. Por mentirle al Espíritu Santo.

¿Entiendes el mensaje?

¿Crees que ellos fueron los únicos con ese pecado? ¿Tú crees que no hay más mentirosos en las iglesias hoy? ¿Crees que ya no hay más hipócritas como ellos?  ¿Por qué no caen muertos también? Por pura misericordia de Dios, pero el juicio llegará, no confundas su paciencia con su aprobación.

Enfermos, débiles y muertos en la iglesia

La iglesia de Corinto celebraba la Cena del Señor de manera indigna. Pablo no lo ignoró.

“Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.” (1 Corintios 11:30)

¿Lo ves? Cristianos muertos por no tomar en serio las cosas de Dios, no fue una enfermedad natural, fue un juicio divino. Pablo lo dice claramente: “Dios los mató”.

¿Y hoy?

¿Crees que Dios ha cambiado? ¿Que ahora es más “amoroso”, más “comprensivo”? No caigas en esa trampa.

“Nuestro Dios es fuego consumidor.” (Hebreos 12:29)

“No se engañen; Dios no puede ser burlado.” (Gálatas 6:7)

Sí, Dios es amor, pero su amor no anula su santidad, de hecho, su amor es santo y no hay contradicción.

Estos castigos no fueron arbitrarios, sino consecuencias directas de la desobediencia y la falta de fe del pueblo, demuestran la santidad de Dios, su justicia y la seriedad con la que Él toma la desobediencia, al mismo tiempo que revelan su paciencia al continuar guiando y proveyendo para su pueblo a pesar de sus pecados.

El mensaje no ha cambiado

Dios sigue siendo el mismo, la Iglesia moderna ha tratado de domesticar a Dios, lo han convertido en un “amigo” cómplice de sus pecados, un “papá celestial” permisivo, pero el Dios de la Biblia no es así.

El mensaje es claro, fue claro en el desierto, fue claro en el templo, fue claro en la iglesia del primer siglo y es claro hoy:

Dios es Santo. Y exige santidad.

¿Entendiste el mensaje?

Por: Luis M. Sarabia

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