¿Qué te dicen las galaxias acerca de Dios… y acerca de ti?
Se estima que existen alrededor de 2 billones de galaxias en el universo observable. Entre ellas está la Vía Láctea, nuestra galaxia: apenas una entre miles de millones.
Y dentro de la Vía Láctea se calcula que existen entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas. La cifra más utilizada ronda los 200.000 millones, aunque sigue siendo una estimación, porque hay estrellas demasiado pequeñas, lejanas o difíciles de detectar.

La Vía Láctea también posee decenas de galaxias satélites que orbitan a su alrededor. Además, forma parte del Grupo Local, junto con otras galaxias, entre las que se encuentran la Galaxia de Andrómeda y muchas más. Nuestra galaxia, junto con otras, pertenece también a una estructura cósmica mucho mayor: el Supercúmulo de Virgo.
¡Qué inmensidad! ¡Qué grandeza! ¡Qué poder tan incomprensible!
Pero lo más impactante no es solamente la cantidad de galaxias, estrellas y cuerpos celestes que existen. Lo más impresionante es que la Biblia dice:
“Él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas las llama por sus nombres.”
Salmos 147:4
Dios no sólo creó las estrellas. Él conoce cada una. Las cuenta, las llama por su nombre. Ninguna está perdida para Él, ninguna escapa de su mirada y ninguna existe por accidente.
Ahora pregúntate:
¿Qué te dicen estos datos acerca de Dios?

Te hablan de un Dios cuya grandeza supera todo lo que nuestra mente puede comprender. Un Dios poderoso, eterno, magnífico y soberano. Un Dios que creó un universo tan vasto que apenas podemos observar una pequeña parte de él.
Pero también pregúntate:
¿Qué te dicen estos datos acerca de ti?
Creo que nos falta más humildad. Nos hemos acostumbrado a pensar que somos poderosos, importantes e independientes, cuando en realidad somos pequeños, frágiles y finitos. Vivimos en un planeta diminuto, dentro de una galaxia que es solo una entre miles de millones, en medio de un universo cuya inmensidad apenas podemos imaginar.

Somos apenas un punto en un vasto universo.
Y aun así, muchas veces actuamos como si fuéramos el centro de todo. El orgullo nos hace creer que tenemos el control, que no necesitamos a Dios y que nuestros planes, deseos y capacidades son suficientes.
Pero la creación y la Palabra de Dios nos recuerdan lo contrario: no somos grandes por nosotros mismos. Nuestra grandeza no está en nuestro poder, en nuestro dinero, en nuestros logros ni en nuestros planes. Nuestra grandeza está en que, a pesar de ser tan pequeños, Dios nos conoce, nos ve y se interesa por nosotros.
El Dios que llama a cada estrella por su nombre también conoce el tuyo.
El Dios que sostiene las galaxias también puede sostener tu vida.
El Dios que gobierna el universo también te está llamando a reconocerlo, a humillarte delante de Él y a vivir dependiendo de su poder.
Por eso necesitamos menos orgullo y más reverencia. Menos autosuficiencia y más dependencia. Menos confianza en nosotros mismos y más confianza en Dios.
Porque cuando contemplamos la inmensidad de la creación, entendemos lo pequeños que somos.
Pero cuando contemplamos el amor de Dios, entendemos lo valiosos que somos para Él.
¿Qué te enseñan hoy las estrellas acerca de Dios? ¿Y qué te enseñan acerca de ti?



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