La Tibieza Espiritual: Un Peligro que Cristo Rechaza
Hoy, quiero que dirijamos nuestra atención a un pasaje desafiante de las Escrituras, uno que nos confronta con la seriedad de nuestra condición espiritual. Nos encontramos en Apocalipsis capítulo 3, donde Jesús, el Amén, el Testigo fiel y verdadero, el Soberano de la creación de Dios, dirige una carta a la iglesia en Laodicea. Para entender plenamente el mensaje, imaginemos por un momento la antigua ciudad de Laodicea. Era una metrópolis próspera y rica, conocida por sus bancos, su industria textil y su escuela de medicina, sin embargo, tenía un problema crucial: su agua.

Laodicea no tenía una fuente de agua potable propia, dependía de acueductos que traían agua desde fuentes distantes. Desde Hierápolis, llegaban aguas termales, conocidas por sus propiedades medicinales, desde Colosas, venían aguas frías, refrescantes y vigorizantes, pero para cuando el agua llegaba a Laodicea, después de un largo viaje, a menudo estaba tibia, con depósitos minerales, desagradable y hasta nauseabunda. Esta realidad local es la metáfora perfecta que Jesús usa para describir la condición espiritual de la iglesia en Laodicea.
En Apocalipsis 3:15-16, Jesús no critica a esta iglesia por persecución o por falta de fe, sino por su tibieza. Es una advertencia severa que nos llama a evaluar nuestra propia fe y a responder al llamado de un compromiso genuino, nuestra proposición es clara: La tibieza espiritual es una condición ineficaz y ofensiva para Cristo, quien espera de sus seguidores un compromiso ferviente y definido.
Nuestro objetivo para hoy es que cada uno de nosotros comprenda la seriedad de la tibieza espiritual, identifique cualquier área de apatía en su vida y se arrepienta, buscando un compromiso ferviente y útil con Cristo.

Veremos este pasaje en tres movimientos.
Primero: Cristo conoce nuestra verdadera condición espiritual. Leemos en Apocalipsis 3: 15a-b: “Conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente,” Jesús comienza con una afirmación poderosa: “Conozco tus obras”. Esto subraya su omnisciencia, Él no se limita a las apariencias externas, a lo que mostramos en la iglesia o en nuestras redes sociales, Él penetra en el corazón y en la realidad de nuestras acciones y motivaciones, Él sabe exactamente quiénes somos y cómo vivimos nuestra fe.
La condición de la iglesia de Laodicea no era ni “fría” ni “caliente”, sino “tibia”. Como mencionamos, en el contexto local, el agua fría de Colosas era refrescante y el agua caliente de Hierápolis era medicinal, ambos estados eran útiles y tenían un propósito claro. La tibieza, en cambio, era ineficaz, sin un propósito claro, sin fervor ni impacto. Es notable que Jesús no elogia nada de esta iglesia; su única evaluación es una crítica por su falta de definición espiritual.
Pensemos en un médico que conoce a fondo el historial clínico de su paciente, no solo los síntomas superficiales, así, Cristo conoce la “salud” espiritual de cada uno de nosotros, o imaginemos un camino que no lleva a ningún lugar definido; no es ni un atajo ni una ruta escénica, simplemente un sendero sin propósito no ayuda a nadie a llegar a su destino, la pregunta para nosotros hoy es: ¿Cómo ve Cristo mis “obras”? ¿Mi vida cristiana es una postura clara y definida para Él, o es una mezcla de compromiso y comodidad que carece de fervor y propósito? Es un llamado a la honestidad delante del Señor.

Esta falta de definición espiritual no es un estado neutral para Cristo; de hecho, provoca una reacción muy fuerte en Él, porque Él anhela algo distinto de nosotros, esto nos lleva a nuestro segundo movimiento:
La preferencia de Cristo: Un compromiso definido y útil, apocalipsis 3:15c dice: “¡Ojalá fueses frío o caliente!” esta declaración de Jesús es contundente, no significa que Jesús desee que seamos espiritualmente indiferentes o muertos, como a veces se malinterpreta el término “frío” en un sentido negativo, más bien, Él desea que tengamos una postura clara y útil. Tanto el agua fría como la caliente tenían un propósito y un beneficio en Laodicea, Jesús desea una fe activa, ya sea refrescante para otros, como el agua fría que apaga la sed, o sanadora y vigorizante, como el agua caliente con propiedades medicinales.
Lo que Él no tolera es la ineficacia, la falta de pasión y el compromiso a medias que representa la tibieza, la tibieza es una fe sin celo, sin impacto, sin un claro testimonio, es una fe que no se decide por completo a seguir a Cristo. Pensemos en un plato de comida que no está ni caliente para disfrutarlo ni frío para refrescar, sino simplemente templado e insípido, no satisface ni deleita; o un atleta que se inscribe en una carrera, pero no entrena ni se esfuerza por ganar; solo “participa” sin pasión ni compromiso real. Su presencia es inútil para el propósito de la competencia. Hermanos, evaluemos nuestro nivel de compromiso con Cristo. ¿Estamos sirviendo con el fervor que da el Espíritu, como nos exhorta romanos 12:11, o nuestra fe es tibia, sin impacto real en nuestro entorno? ¿Tenemos una postura definida en nuestra vida cristiana, o intentamos servir a Dios y al mundo a la vez, como Jesús advirtió en Mateo 6:24?
La razón por la que Cristo prefiere cualquier otra condición a la tibieza se revela en la drástica y repulsiva consecuencia que anuncia para aquellos que persisten en este estado.

Esto nos lleva a nuestro tercer y último movimiento: La Consecuencia de la Tibieza: El rechazo de Cristo Apocalipsis 3:16 nos advierte: “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, ¡a punto estoy de vomitarte de mi boca! “La advertencia de Jesús es impactante, la imagen de “vomitar” es vívida y repulsiva, denota un rechazo absoluto y una expulsión, esta frase no debe interpretarse necesariamente como la pérdida de la salvación para un creyente genuino, sino como un rechazo de su condición actual, una expulsión de su servicio o de su posición como iglesia representativa.
La tibieza es espiritualmente nauseabunda para Cristo; es inaceptable y provoca su disgusto, es una advertencia severa sobre las consecuencias de la apatía y la ineficacia espiritual dentro de la comunidad de fe. Imaginemos beber el agua tibia y mineralizada que llegaba a Laodicea; sería desagradable y provocaría náuseas, llevando a expulsarla, de la misma manera, la tibieza espiritual es repulsiva para Cristo. No es que Él nos odie, sino que nuestra condición de falta de celo y utilidad es ofensiva para su santidad y su propósito.
Esta es una advertencia que debemos tomar con la máxima seriedad. ¿hay áreas en nuestra vida donde nuestra fe es ineficaz, sin celo, sin impacto, provocando “náuseas” espirituales a Cristo? debemos examinar nuestro corazón y arrepentirnos de cualquier tibieza que nos impida ser plenamente útiles para Él, este rechazo no es el fin, sino un llamado urgente a cambiar nuestra condición y buscar una fe renovada y ferviente.
En conclusión, hemos visto cómo Cristo, el Juez omnisciente, condena la tibieza espiritual de la iglesia de Laodicea. Él no soporta la indiferencia, la falta de celo o el compromiso a medias, su deseo es que seamos definidos y útiles en nuestra fe, ya sea refrescando a otros o sanando con el poder del Espíritu. La tibieza es una condición nauseabunda para Él, que lleva al rechazo de nuestra utilidad en su reino, no podemos permitirnos vivir en esta peligrosa zona gris.

Hermanos y hermanas, la palabra de Dios nos confronta hoy. ¿hemos permitido que la comodidad, la avaricia, la autosuficiencia o las preocupaciones de este mundo nos enfríen o nos vuelvan tibios en nuestra fe? Cristo nos llama hoy a un arrepentimiento genuino, nos llama a despertar, a encender el fervor que da el Espíritu, a comprometernos con Él de manera total y sin reservas.
Examinemos nuestro corazón, identifiquemos esa tibieza y clamemos al Señor para que nos llene de su fuego, para que seamos “calientes” en nuestro amor, “calientes” en nuestro servicio y “calientes” en nuestro testimonio. No seamos una iglesia que Cristo tenga que vomitar de su boca, sino una que le dé gloria y sea útil para Su reino. ¡Respondamos con un “sí” ferviente a Su llamado! Amén.
Por: Luis M. Sarabia



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