Una iglesia materialista: mujeres exitosas pero vacías
Existe una enseñanza tóxica que se ha infiltrado silenciosamente en nuestras congregaciones, disfrazada de “sabiduría práctica” pero que esconde un materialismo puro. Hablo de pastores que instruyen a las mujeres de sus iglesias a buscar, casi exclusivamente, a hombres “proveedores”.
Un evangelio adaptado al materialismo
Conocí a un pastor que enseñaba a las mujeres de su congregación a “buscar hombres proveedores”. En teoría, un principio “sabio”. En la práctica, una instrucción envuelta en codicia: “busquen hombres que ya tengan resuelta la vida económica”.
Lo irónico —o lo hipócrita— es que ese mismo hombre, cuando se casó, si tenía una estufa y una cama donde dormir, tenía demasiado. Hoy desde la comodidad de su éxito actual, imponen cargas pesadas que ni ellos mismos pudieron llevar en su juventud (Mateo 23:4), cerrando la puerta del matrimonio a jóvenes fieles que están en proceso de construcción, tal como ellos lo estuvieron alguna vez.
Muchos “líderes espirituales” han abrazado la lógica del sistema: medir el valor de un hombre por su salario, su profesión y su patrimonio. Estos líderes no están enseñando principios del Reino; están replicando el sistema mundano, secularizado y feminista dentro de la casa de Dios. Son hombres que han cambiado la revelación del Espíritu por un humanismo barato.
Ciegos guiando a ciegos: El materialismo disfrazado de piedad

Ahora desde su “madurez” o “sabiduría adquirida” les enseña a las mujeres de la iglesia que exijan estándares materiales que él mismo nunca habría cumplido. Eso no es dirección espiritual: es materialismo disfrazado de sabiduría.
La Biblia nos advierte sobre los ciegos que guían a otros ciegos; ambos caerán en el hoyo (Mateo 15:14). Al enseñar a las mujeres a filtrar a los hombres por su cuenta bancaria, su carro o su apartamento, están reduciendo el pacto sagrado del matrimonio a una transacción comercial. Han olvidado que “raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10), y en su afán de “proteger” a las ovejas, las están extraviando en la codicia.
Hablan de “proveedor” como si fuera sinónimo de “millonario” y reducen el diseño bíblico del esposo a una billetera con corbata. Pero la Escritura no dice que la raíz de todos los males sea la pobreza, sino el amor al dinero. Cuando se predica que lo central al elegir pareja es el nivel económico, se está alimentando exactamente esa raíz que Dios condena.
El resultado es una iglesia que en lugar de confrontar el materialismo lo bendice. En vez de denunciar la idolatría del dinero, la copia. Igual que Laodicea, muchos se creen “ricos, enriquecidos y que nada les falta”, sin darse cuenta de que espiritualmente son pobres, ciegos y desnudos. Esa mentalidad ha entrado en los púlpitos, en los grupos de jóvenes, en las conferencias para solteros y en las charlas de “noviazgo cristiano”, y moldea silenciosamente los criterios con los que muchos escogen pareja.
El descarte del hombre de Dios

La consecuencia directa de esta doctrina es devastadora. Vemos a mujeres cristianas, influenciadas por este veneno, descartando automáticamente a hermanos piadosos, trabajadores y con carácter de Cristo, simplemente porque aún no tienen el “pack completo” de éxito material.
Muchas cristianas toman estas enseñanzas como si fuera una enseñanza bíblica y amparadas en su orgullo y religiosidad, descartan a un hermano sin siquiera conocer su carácter, solo porque todavía no tiene carro, apartamento, posgrado o un gran sueldo, no les interesa si teme a Dios, si es trabajador, si es enseñable, si ama la palabra; lo primero es la hoja de vida y el extracto bancario.
Ni siquiera se dan la tarea de conocer el corazón del hombre, si tiene o no temor de Dios, si no hay carro, título o sueldo de gerente, es “descartado”. Han olvidado que Dios no mira lo que mira el hombre; el hombre mira la apariencia exterior (y la billetera), pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7). Están despreciando a los David que cuidan ovejas hoy, porque no los ven con la corona puesta todavía.
Cuando el “proveedor” vale más que el cristiano

Así se forman criterios de selección que el mundo aplaude y el cielo aborrece. Y después, cuando pasan los años, muchas de estas mujeres se encuentran con el fruto amargo de sus decisiones. 1 Timoteo enseña que quienes se dejan arrastrar por el amor al dinero “se extravían de la fe y se traspasan de muchos dolores”. Eso es exactamente lo que estamos y seguiremos viendo en la iglesia.
Hermanas, no se engañen. Dios no puede ser burlado, muchos que han abrazado estas enseñanzas agradables al oído (2 Timoteo 4:3) están cosechando una vida de amarga soledad.
Las iglesias están llenas de mujeres con maestrías, doctorados y cargos ejecutivos, pero que llegan solas a casa cada noche.
- Tienen posesiones y lujos, pero viven tristes.
- Están rodeados de gente en redes sociales, pero consumidas por la depresión en su intimidad.
- Llenan su agenda de trabajo, viajes y compras compulsivas, intentando anestesiar el vacío de un propósito no cumplido.
Esta carrera desenfrenada por “tener más” y “ser más” según los estándares del mundo es vanidad de vanidades (Eclesiastés 1:2). El éxito profesional jamás podrá sustituir el diseño original de Dios para la familia.
Una generación de mujeres solas, ricas y estériles

Si esta tendencia continúa, veremos lo mismo que ya ocurre en muchas naciones: sociedades viejas, solas y sin hijos. Dios se presenta en la Escritura como un Dios de vida que se deleita en la familia y en la procreación: “Herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”.
No todos serán llamados al matrimonio o a la maternidad, pero convertir la soltería egoísta en ideal y la esterilidad voluntaria en señal de éxito es rebelarse contra el diseño de Dios. Dios desde un principio dijo que no era bueno que el hombre este solo, por lo tanto, vivir en soledad, es una clara rebeldía su instrucción.
Guerra Contra la Vida: El Diseño Olvidado

El diablo ha sido astuto. El enemigo ha vendido la mentira de que la maternidad es una carga, una pérdida de tiempo, una deshonra o un obstáculo para el “éxito”, y que lo verdaderamente valioso son los títulos, los bienes, las experiencias y el reconocimiento social, y la iglesia, lamentablemente, ha comprado esa mentira.
Esa mentira ha entrado en la iglesia por la boca de líderes sin discernimiento que enseñan más sociología feminista y gestión empresarial que Biblia. El fruto será una generación de mujeres —y hombres— económicamente estables, pero espiritualmente rotos, con cuentas llenas y corazones vacíos.
Dios es un Dios de vida. Su primer mandato fue: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28). El poder de dar vida es una virtud exclusiva que Dios otorgó a la mujer, sin embargo, bajo la influencia de líderes indoctos, muchas han postergado o rechazado este llamado para perseguir sombras.
Estamos criando una generación de mujeres solas y una sociedad envejecida, el feminismo y el materialismo dentro de la iglesia están robando a las mujeres la bendición de ser madres y constructoras de hogares, cambiándola por la frialdad de una oficina los aplausos y elogios a sus éxitos mundanos y una cuenta bancaria abultada.
El Juicio sobre las iglesias vacías: pastores ciegos y ovejas extraviadas

A los pastores que hoy se glorían en sus números y se embriagan con la vanagloria de sus títulos: su paga viene en camino.
Estos hombres se han dejado seducir por el “éxito” de iglesias grandes y modernas; están tan ocupados en números, imagen y prestigio que no ven que su mensaje está produciendo congregaciones envejecidas, llenas de solteros amargados, frustrados e incapaces de formar hogares que honren a Dios. Igual que Laodicea, se felicitan por su aparente prosperidad mientras Cristo está fuera, llamando a la puerta y pidiendo arrepentimiento.
Esa doctrina pragmática y mundana será su ruina. Dentro de unos años, cuando busquen a la próxima generación, encontrarán iglesias vacías: clubes de ancianos solitarios, hombres y mujeres que nunca supieron ni formaron familia porque se les enseñó a amar las cosas más que a las personas. Si no se corrige el rumbo, esos líderes recogerán lo que sembraron: bancas desiertas, familias que nunca existieron y generaciones que crecieron sin ver matrimonios piadosos ni herencia espiritual.
Sufrirán lo mismo que las naciones que le dieron la espalda a la vida: una sociedad extinta. “¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová” (Jeremías 23:1).
Un llamado urgente a volver a la Palabra

Hermana, hermano, pastor fiel: todavía hay tiempo. Dejemos de medir el éxito con la vara del mundo. La verdadera prosperidad no es una cuenta llena y tener muchas poseciones; es una vida conforme al diseño de Dios, en familia, en santidad y en propósito.
No se trata de glorificar la pobreza ni de satanizar el trabajo, la buena administración ni el querer lo mejor; se trata de poner cada cosa en su lugar. El dinero es un siervo útil, pero un amo cruel. El criterio bíblico nunca fue “¿cuánto gana?”, sino “¿a quién sirve?”: ¿ama a Cristo?, ¿honra la Palabra?, ¿es responsable?, ¿es generoso?, ¿está dispuesto a crecer y a trabajar? ¿Se esfuerza por agradar a Dios?
Jóvenes, busquen carácter, no solo capital. Mujeres, valoren al hombre que tiene temor de Dios, aunque hoy solo tenga “una estufa y una cama”, porque con ese hombre construirán su propósito espiritual establecido por Dios.
Dios sigue siendo un Dios de vida, familia y herencia. Llama a su pueblo a multiplicarse, a criar hijos santos para su gloria, a ser luz en medio de una cultura que idolatra el éxito individual. Es hora de que las iglesias dejen de repetir los discursos del mundo y vuelvan a enseñar lo que la Biblia realmente dice sobre el matrimonio, los bienes y la maternidad. Volvamos al evangelio sencillo y radical: negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguir a Cristo, también en la forma en que elegimos pareja y construimos hogar.
Solo así habrá vidas verdaderamente prósperas y satisfactorias, no por la cantidad de cosas que tengamos, sino por la fidelidad con la que honremos a nuestro Señor.
Por: Luis M. Sarabia
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