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“La voluntad de Dios”: La excusa espiritual favorita

“La voluntad de Dios”: La excusa espiritual favorita

La frase “es la voluntad de Dios” se ha convertido en uno de los comodines más peligrosos dentro del cristianismo moderno. Muchos la usan como una cortina de humo para no enfrentar su responsabilidad, para justificar sus malas decisiones o incluso para encubrir pecados que no quieren abandonar. Es más fácil culpar a lo espiritual que asumir que la raíz del problema está en uno mismo.

El carismático y su “guerra espiritual” mal entendida

En el mundo carismático, la culpa siempre recae en el diablo.
Perdieron el trabajo: “¡guerra espiritual!”
No prosperan: “¡el enemigo está atacando!”
Se les dañó el carro: “¡Satanás me quiere detener!”

Como si el diablo tuviera más poder que Dios o como si nuestra desobediencia no tuviera repercusiones. La Biblia enseña que cada uno cosecha lo que siembra (Gálatas 6:7). Pero es más cómodo inventar enemigos invisibles que admitir que el caos que vivimos es, en gran parte, consecuencia directa de nuestras propias decisiones.

El reformado y su fatalismo disfrazado de soberanía

Por otro lado, algunos reformados —creyéndose teológicamente superiores— culpan a Dios mismo.
Su vida está en ruinas, pero dicen con solemnidad: “Es la voluntad de Dios.”

No, hermano. Atribuirle a Dios lo que es fruto de tu negligencia es una forma elegante de responsabilizarlo por tu pecado. La Escritura jamás presenta la soberanía como un refugio para la irresponsabilidad. La soberanía no cancela la ley de causa y efecto. Dios no es autor de tu pereza, ni de tu mala administración, ni de tus decisiones torpes.

Proverbios 19:3 lo dice sin sutilezas: “La necedad del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón.” Eres tú el que se equivoca, pero culpas a Dios.

Cuando la “voluntad de Dios” es simplemente el fruto de tu propio desorden

Hay cristianos que dicen que no prosperan porque “Dios los quiere humildes”, pero viven gastando más de lo que ganan, comprando lo que no necesitan, viajando para aparentar, endeudándose para sostener una fachada. ¿Y luego quieren responsabilizar a Dios?

Otros repiten que su situación es “la voluntad de Dios”, pero lo que ocurre es que viven en rebeldía, no escuchan consejo, se creen autosuficientes y actúan sin sabiduría. La voluntad de Dios no produce desorden; es la desobediencia la que lo hace (1 Corintios 14:33).

Cuando la excusa espiritual sirve para evadir la verdad

Algunas mujeres (y también hombres) dicen que están solteros porque “Dios quiere que esté solter@”. Pero en muchos casos no es así, sino arrogancia, inmadurez, grosería, frivolidad y sensualidad lo que aleja cualquier relación sana. No es la voluntad de Dios: es el carácter que no quieren transformar.

Es más fácil decir “Dios así lo quiso” que admitir: “Tengo conductas que debo cambiar.”

Ignorar las advertencias de Dios no cancela sus consecuencias

Muchos cristianos aman las promesas, pero desprecian las advertencias. A muchos cristianos solo les gusta leer la parte de Deuteronomio 28 que habla de las bendiciones, pero pasan por alto el resto de Deuteronomio que habla de las maldiciones,  como si las maldiciones no existieran.

Sin embargo, la Biblia es clara: quien desobedece, cosecha consecuencias (Deuteronomio 28:15; Romanos 2:6–8).
Dios no tiene hijos mimados, ni favoritismos, Él es justo y  juzga conforme a la obediencia a su palabra.

“Porque Dios no puede ser burlado.” (Gálatas 6:7)

No lo será por carismáticos, ni reformados, ni supuestos “maduros”.

La religión no sustituye la obediencia

Algunos creen que asistir al culto, cantar, servir o repetir liturgias los hace espirituales. Se engañan. La religión jamás reemplazará la obediencia. El diablo también cree y tiembla (Santiago 2:19).
La religiosidad no te libra del juicio, ni evita las consecuencias de una vida necia.

“Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí.”  (Mateo 15:8)

Examina tu vida antes de culpar a Dios

Dios nos dio su palabra para mostrarnos cómo vivir, no para justificar nuestra desobediencia.
Él no es responsable de nuestro pecado.
Él no es culpable de nuestra negligencia.
Él no es autor de nuestras malas decisiones.

Antes de decir “es la voluntad de Dios”, pregúntate:

  • ¿Estoy obedeciendo su palabra?
  • ¿Estoy caminando en santidad?
  • ¿Estoy administrando mi vida con responsabilidad?
  • ¿Estoy evitando el pecado o justificándolo?

Si no lo haces, entonces no culpes a Dios por lo que tú mismo provocaste.

Menos excusas, más obediencia

Deja los rituales sin obediencia.

Deja la fachada espiritual.

Deja la religiosidad muerta.

Dios no será engañado.

Dios no será manipulado.

Dios no será culpado por tu pecado.

Ve a la Palabra, examina tu vida con humildad, arrepiéntete y cambia.
Porque “al que mucho se le da, mucho se le demandará” (Lucas 12:48).
Y porque tarde o temprano, cada uno recibirá según lo que haya hecho (2 Corintios 5:10).

Por: Luis M. Sarabia

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